Fernando Moreno Camacho

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Profit Is Justified By The Risk Incurred

Entrepreneurs are the true heroes within a free economic system. In the quest of profits, they decide to struggle against time, competition, and variable market conditions. To achieve their goals, they commit to satisfying consumers’ wants and needs.  

Consumers never lose. If a certain provider fails to meet their needs, then other will succeed. Entrepreneurs, on the other hand, put their resources at risk exclusively on their own account. If bad decisions are made, they could see all of their efforts transformed into a loss – and they will have to assume the consequences alone.

We can clearly observe that uncertainty is unavoidable. Nonetheless, there is a good reward for those who risk their resources in a successful enterprise. The specific compensation received for the use of capital goods is profit. Profit is undoubtedly justified, then, by the risk incurred.

Should Workers Get a Share in Profits?

Karl Marx, one of the founders of “scientific socialism”, argued that the value of a good depended on the amount of labor required to produce it. He also claimed that the cost of supporting a worker was less than what his labor produced. According to Marx, this difference – known as surplus value – was unfairly retained by the entrepreneur.

Marx alleged that workers were deprived from the full proceeds of their labor and thus deserved some additional compensation. However, as empirical evidence demonstrates, market-determined wages are the most accurate, fair method to compensate workers for their labor.

That said, it is illogical to attempt to offer workers a share in the profits of an enterprise. They assume neither the responsibility nor the risks of the business, and thus, do not deserve any participation in its profits. The entrepreneur is certainly the only one entitled to this reward.

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  • 4 weeks ago
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My American Experience

LIBRE’s Executive Director, Daniel Garza, tells of his American Experience as a first generation American - his story includes hardships, perseverance, family cohesion, hard work, and prosperity achieved in a free country that allows each of us to dictate our destiny.

Once again, history proves that individuals can only succeed by following the path of freedom and hard work. Increasing economic interventionism does nothing but slowing down progress. Let us follow our own dreams.

Source: youtube.com

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  • 2 months ago
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Guayaquil, Ecuador in 1949. Produced by Watson Kintner

watson kintner filmed guayaquil in 1949

Watson Kintner (1890-1979) was a Chemical Engineer with the Radio Corporation of America (RCA), where he was an early pioneer in the standardization of the vacuum tube.

Over a period of 36 years he traveled to more than 30 individual countries, beginning in 1933. Kintner’s first trip was to Mexico (where he filmed painter Diego Rivera), followed by visits to Guatemala, Guyana, Ecuador, Morocco, Pakistan, India, Indonesia, Nigeria, Australia, Iran, and Ethiopia, and many other countries.

Mr. Kintner made a stop in Guayaquil, Ecuador on July 5-6, 1949. He filmed general scenes portraying local citizens and their daily activities.

Producer: Watson Kintner

Audio/Visual: silent, color

Running Time: 18:08

Read more at: http://bit.ly/Zbe2v4

Source: archive.org

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  • 2 months ago
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Control de precios de alquiler en Ecuador: Lo que no se ve

La semana anterior, la Asamblea Nacional del Ecuador aprobó con abrumadora mayoría el proyecto de Ley de Inquilinato que, entre otros puntos, incluye la implementación de un precio tope en el alquiler de bienes raíces. Al momento, dicha ley se encuentra en manos del Ejecutivo, quién se encargará de aprobarla o vetarla en los próximos días.

Pero, ¿cuál es el objetivo del Legislativo al incluir el control de precios en la reforma de la Ley de Inquilinato? Según la autora del proyecto de ley, la norma intenta poner freno a la especulación con los arrendamientos.1 Por su parte, otro asambleísta señala que la nueva normativa evitará abusos y actualizará los montos de arriendo.2

Según sus promotores, dicha reforma busca entonces proteger a los inquilinos de abusos y permitirles alquilar una vivienda a un precio más conveniente. Sin embargo, no basta sólo con ver los efectos inmediatos de una ley – por más beneficiosos que éstos parezcan. Es necesario también, tomar en consideración lo que no se ve.

Como bien señalaba el brillante economista francés Frédéric Bastiat, “casi siempre ocurre, que cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores resultan funestas, y viceversa”.3 Por tal razón, me veo en la obligación de analizar brevemente los efectos que tendría un eventual control de precios de alquiler sobre los ciudadanos ecuatorianos en el mediano y largo plazo.

Para empezar, el establecimiento de un precio máximo sobre cualquier producto dentro de una economía abierta termina causando la escasez del mismo. Tal como sostiene el catedrático estadounidense Thomas DiLorenzo, “durante más de cuatro mil años los resultados [de los controles de precios] han sido exactamente los mismos: escaseces”.4

Los bienes raíces utilizados para alquiler no están exentos de esta situación. Si el canon fijado por los municipios está por debajo de los niveles de equilibrio, la demanda de alquiler necesariamente excederá a la cantidad ofrecida. El control de precios, entonces, conducirá a la escasez de viviendas para arrendamiento.5

Muchas de las personas que hasta ahora sustentaban sus gastos personales a través del arrendamiento de inmuebles se verían forzadas a emprender otras actividades. Por su parte, los arrendatarios tendrían que emplear cada vez más recursos a la hora de buscar una vivienda, considerando la reducción en la oferta de alquiler.

A más de afectar a propietarios de inmuebles y arrendatarios, el control de precios perjudicaría al sector inmobiliario en su conjunto. A la larga, se reduciría la inversión en viviendas para alquiler y se pondría en riesgo las plazas de trabajo de los miles de individuos que dependen de esta industria.

Como podemos observar, los efectos negativos superan en gran medida a los efectos positivos que se pretenden impulsar con el control de precios de alquiler. Los gobernantes aún se encuentran a tiempo de reconsiderar. Está en sus manos tomar la decisión correcta.


  1. “La Ley de Inquilinato fue reformada hace 13 años”. El Comercio. 28 de Febrero de 2013. Disponible en línea en: http://www.elcomercio.com/quito/Ley-Inquilinato-Quito-Nivea_Velez-Ivan_Chiriboga_0_874112826.html ↩

  2. “El sector del inquilinato bajo control municipal”. Diario Hoy. 28 de Febrero de 2013. Disponible en línea en: http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/el-sector-del-inquilinato-bajo-control-municipal-575338.html ↩

  3. Frédéric Bastiat. “Lo que se ve y lo que no se ve” en Obras escogidas. Madrid: Unión Editorial, 2004. Disponible en línea en: http://www.elcato.org/files/obras-escogidas-libro-electronico.pdf ↩

  4. Thomas J. DiLorenzo. “Cuatro mil años de controles de precios”. Traducido del inglés. Artículo original disponible en línea en: http://mises.org/daily/1962 ↩

  5. Walter Block. “Rent Control”. The Concise Encyclopedia of Economics. 2008. Library of Economics and Liberty. Disponible en línea en: http://www.econlib.org/library/Enc/RentControl.html ↩

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  • 2 months ago
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TIME Turns 90: All You Need to Know About Modern History in 90 Cover Stories

time 90 years

Where has the time gone? It was back in March of 1923, that the first issue of TIME hit newsstands. As we prepare to celebrate our 90th birthday, a look back at world history as told through 90 memorable cover stories.

Read more at: http://ti.me/13yGf5U

Source: TIME

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  • 2 months ago
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Desde hace 30 años Portugal no perdía en su casa frente un equipo sudamericano, pero a Ecuador poco le importó lo que decían los libros de historia. Los tricolores saltaron al campo de juego con determinación y enfrentaron a su rival de igual a igual ante la mirada atónita del público en Guimarães. Al final, la garra ecuatoriana pudo más y ni Cristiano Ronaldo logró evitar la derrota local. La Tri concretó otra hazaña que de seguro quedará grabada en la memoria.
Video del partido: http://youtu.be/sbnMg7vivrU
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Desde hace 30 años Portugal no perdía en su casa frente un equipo sudamericano, pero a Ecuador poco le importó lo que decían los libros de historia. 

Los tricolores saltaron al campo de juego con determinación y enfrentaron a su rival de igual a igual ante la mirada atónita del público en Guimarães. 

Al final, la garra ecuatoriana pudo más y ni Cristiano Ronaldo logró evitar la derrota local. La Tri concretó otra hazaña que de seguro quedará grabada en la memoria.

Video del partido: http://youtu.be/sbnMg7vivrU

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  • 3 months ago
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World Bank Dataviz: How much money do migrants send home?

worldbank:

Remittances – money sent home by migrants to family and friends – soared to record levels last year. Officially recorded remittances reached $500bn in one year, but we estimate that the true figure, including unrecorded and informal channels, may be even higher.

The Guardian has put together an interactive map using World Bank Migration and Remittance data to show how much money is sent from one country to another.

Click here for the full interactive feature: http://bit.ly/XTTTbM

ecuador remittances

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  • 3 months ago > worldbank
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jayrosen:



“If someone is in need of knowledge and you can provide it, but you don’t, you are guilty of a crime against the human spirit…”
Since Saturday morning I have been deeply affected by Aaron Swartz’s death by suicide at age 26. Because I never met him, this reaction has taken me by surprise, and I am trying to explain to myself why I was on the verge of tears all day and dreamed about him all night.
I think part of it is that he was the same age as many of my graduate students. In the same way that you imagine, “what if that was my child?” after a school shooting, I could almost imagine what the suicide of one of my students would mean to me. Another part was the point stressed by Lawrence Lessig and Glenn Greenwald in their columns on Aaron: that this person of immense talent and crazy brilliance devoted himself almost completely to public goods— like the RSS 1.0 specs, the Open Library, and the fight against SOPA. He could have tried to develop the next YouTube and sell it to Google for a billion dollars, he had the skills for that, but the only thing that really mattered to him was the fight for internet freedom, which included taking part in democratic politics. That conception of the good, in someone so young, is deeply moving to me.A third part of why I was so affected by his death is captured in this photo of Larry Lessig meeting Aaron Swartz when Aaron was a teenager. Here is a world renown Stanford law professor listening to a 14 year-old because the 14 year-old could help the professor realize one of his dreams. And he did. Swartz was the initial architect of Creative Commons, the licensing system that has done so much for knowledge sharing on the web. Aaron had lots of substitute parents looking out for him, Lessig included, but he also looked out for them in a lot of the work he did. Then there is the utter frustration that the prosecutors who have behaved so badly and ignorantly in Aaron’s legal case—United States Attorney Carmen Ortiz and her deputy Stephen Heymann—will never have to pay, they will never face any public accounting, they won’t even have to answer honest questions about how they see their actions now. That’s depressing and infuriating, and it makes me feel powerless and stupid.
On Sunday, MIT announced that it will review its own decision-making in the legal case that arose from events Aaron initiated on its campus. “Now is a time for everyone involved to reflect on their actions, and that includes all of us at MIT,” said its president, L. Rafael Reif in a statement.
I guess that’s the another reason I was so affected by this loss. Reflecting on my actions, I haven’t done nearly enough for the causes I shared with Aaron Swartz. In 2012, I declined to serve on the board of this academic journal because it was not open access. But that is… not nearly enough.
I didn’t know Aaron, though I knew of his legend, but from what I have read about him he was one of those people (Timothy Berners Lee, the founder of the World Wide Web and Richard Stallman, the founder of the free software movement, are both like this) who believe that if someone is in need of knowledge and you can provide it, but you don’t, you are guilty of a crime against the human spirit. (See this.)
The cause of Internet freedom, which is very often a radical cause, is radical in just this sense: let all who are hungry eat. Farewell, Aaron, my child. Your cause is just. 
(Photo credit: Rich Gibson.)
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jayrosen:

“If someone is in need of knowledge and you can provide it, but you don’t, you are guilty of a crime against the human spirit…”

Since Saturday morning I have been deeply affected by Aaron Swartz’s death by suicide at age 26. Because I never met him, this reaction has taken me by surprise, and I am trying to explain to myself why I was on the verge of tears all day and dreamed about him all night.

I think part of it is that he was the same age as many of my graduate students. In the same way that you imagine, “what if that was my child?” after a school shooting, I could almost imagine what the suicide of one of my students would mean to me. 

Another part was the point stressed by Lawrence Lessig and Glenn Greenwald in their columns on Aaron: that this person of immense talent and crazy brilliance devoted himself almost completely to public goods— like the RSS 1.0 specs, the Open Library, and the fight against SOPA. He could have tried to develop the next YouTube and sell it to Google for a billion dollars, he had the skills for that, but the only thing that really mattered to him was the fight for internet freedom, which included taking part in democratic politics. That conception of the good, in someone so young, is deeply moving to me.

A third part of why I was so affected by his death is captured in this photo of Larry Lessig meeting Aaron Swartz when Aaron was a teenager. Here is a world renown Stanford law professor listening to a 14 year-old because the 14 year-old could help the professor realize one of his dreams. And he did. Swartz was the initial architect of Creative Commons, the licensing system that has done so much for knowledge sharing on the web. Aaron had lots of substitute parents looking out for him, Lessig included, but he also looked out for them in a lot of the work he did. 

Then there is the utter frustration that the prosecutors who have behaved so badly and ignorantly in Aaron’s legal case—United States Attorney Carmen Ortiz and her deputy Stephen Heymann—will never have to pay, they will never face any public accounting, they won’t even have to answer honest questions about how they see their actions now. That’s depressing and infuriating, and it makes me feel powerless and stupid.

On Sunday, MIT announced that it will review its own decision-making in the legal case that arose from events Aaron initiated on its campus. “Now is a time for everyone involved to reflect on their actions, and that includes all of us at MIT,” said its president, L. Rafael Reif in a statement.

I guess that’s the another reason I was so affected by this loss. Reflecting on my actions, I haven’t done nearly enough for the causes I shared with Aaron Swartz. In 2012, I declined to serve on the board of this academic journal because it was not open access. But that is… not nearly enough.

I didn’t know Aaron, though I knew of his legend, but from what I have read about him he was one of those people (Timothy Berners Lee, the founder of the World Wide Web and Richard Stallman, the founder of the free software movement, are both like this) who believe that if someone is in need of knowledge and you can provide it, but you don’t, you are guilty of a crime against the human spirit. (See this.)

The cause of Internet freedom, which is very often a radical cause, is radical in just this sense: let all who are hungry eat. Farewell, Aaron, my child. Your cause is just. 

(Photo credit: Rich Gibson.)

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  • 4 months ago > jayrosen
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Life, liberty, and property do not exist because men have made laws. On the contrary, it was the fact that life, liberty, and property existed beforehand that caused men to make laws in the first place.
Frederic Bastiat

Source: brainyquote.com

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Es bueno que haya ricos

Por: Paul Graham 

Traducido por: Mariano Bas Uribe

Mayo de 2004 (publicado en línea en noviembre de 2006)

Cuando la gente se preocupa lo suficiente sobre algo como para hacerlo bien, quienes lo hacen mejor tienden a ser mucho mejores que el resto de la gente. Hay un enorme hueco entre Leonardo y sus contemporáneos de segunda línea, como Borgognone. Vemos el mismo hueco entre Raymond Chandler y el escritor medio de novelas policiacas. Un jugador profesional de ajedrez de alto nivel podría jugar diez mil partidas contra un jugador normal de club sin perder ninguna.

Igual que el ajedrez o la pintura o la escritura de novelas, hacer dinero es una habilidad muy especializada. Pero, por alguna razón, tratamos de forma diferente esta habilidad. Nadie se queja cuando unos pocos superan a los demás jugando al ajedrez o escribiendo novelas, pero cuando unos pocos hacen más dinero que los demás, se escriben muchas columnas diciendo que está mal.

¿Por qué? El patrón de variedad no parece diferente del de cualquier otra habilidad. ¿Qué hace que la gente reaccione tan ferozmente cuando la habilidad es hacer dinero?

Pienso que hay tres razones por las que tratamos diferentemente el hacer dinero: el engañoso modelo de riqueza que aprendemos de niños, la mala reputación de cómo se han acumulado las fortunas hasta hace poco y la preocupación por que las grandes variaciones de ingresos sean de alguna forma malas para la sociedad. Hasta donde yo lo entiendo, la primera es errónea, la segunda está desactualizada y la tercera es empíricamente falsa. ¿Podría ser que, en una democracia moderna, la variación en los ingresos sea realmente una señal de salud?

El modelo de riqueza de papá

Cuando tenía cinco años pensaba que la electricidad la creaban los enchufes. No sabía que había centrales eléctricas por ahí generándola. De forma parecida, a la mayoría de los niños no se les ocurre que la riqueza es algo que tiene que generarse. Parece ser algo que fluye de los padres.

A causa de las circunstancias en las que la encuentran, los niños tienden a no entender la riqueza. La confunden con el dinero. Piensan que hay una cantidad fija. Y piensan en ella como algo que distribuyen las autoridades (así que debería distribuirse equitativamente), y no en algo que tiene que crearse (y podría crearse desigualmente).

De hecho, la riqueza no es el dinero. El dinero es sólo una forma cómoda de cambiar una forma de riqueza por otra. La riqueza es lo que hay por debajo, los bienes y servicios que compramos. Cuando viajamos de un país rico a uno pobre, no tenemos que mirar las cuentas bancarias de la gente para darnos cuenta de qué nivel de riqueza tienen. Podemos ver la riqueza: en edificios y calles, en las ropas y la salud de la gente.

¿De dónde viene la riqueza? La hace la gente. Esto era más fácil de percibir cuando la mayoría de la gente vivía en granjas y fabricaban con sus propias manos muchas de las cosas que querían. En aquellos tiempos podía verse la riqueza que creaba cada familia en la casa, los animales y el granero. Por tanto era evidente que la riqueza del mundo no era una cantidad que tuviera que compartirse, como las porciones de una tarta. Si queríamos más riqueza, podíamos fabricarla.

Esto es igual de verdadero hoy día, aunque pocos de nosotros creamos riqueza directamente por nuestros propios medios (excepto los vestigios de unas pocas tareas domésticas). Principalmente creamos riqueza para otras personas a cambio de dinero, que posteriormente intercambiamos por las formas de riqueza que deseamos.[1]

Como los niños son incapaces de crear riqueza, ha de dárseles todo lo que tengan. Y cuando la riqueza es algo que se da, evidentemente parece que debería distribuirse equitativamente.[2] En la mayor parte de las familias es así. Los niños se ocupan de eso. “Es injusto”, protestan cuando un hermano obtiene más que otro.

En el mundo real no podemos mantenernos viviendo de nuestros padres. Si queremos algo o bien tenemos que fabricarlo o bien hacer algo de valor equivalente para otro, con el fin de hacer que éste nos dé suficiente dinero como para comprarlo. En el mundo real, la riqueza (excepto para unos pocos especialistas como ladrones y especuladores) es algo que tenemos que crear, no algo que distribuye papá. Y como la capacidad y deseo de crearla varían de persona a persona, no se fabrica equitativamente.

Se nos paga por hacer algo que quiere la gente y generalmente quienes hacen más dinero son sencillamente mejores haciendo cosas que quiere la gente. Los grandes actores ganan mucho más dinero que los de serie B. Los actores de serie B podrán ser casi tan carismáticos como los más conocidos, pero cuando la gente va al cine y mira la cartelera, buscan ese atractivo extra que tienen las grandes estrellas.

Hacer lo que quiere la gente no es la única forma de obtener dinero, por supuesto. También podemos robar bancos, o pedir sobornos, o establecer un monopolio. Esos trucos generan algo de la variación en la riqueza y así es como se formaron algunas de las mayores fortunas individuales, pero no son la causa principal de la variedad de ingresos. La causa principal de la variedad de ingresos, como implica la navaja de Occam, es la misma que la de la variedad en cualquier otra habilidad humana.

En Estados Unidos, el presidente de una gran empresa gana alrededor de 100 veces más que el ciudadano medio.[3] Los jugadores de baloncesto ganan alrededor de 128 veces más y los de béisbol unas 72 veces más. Los editoriales citan este tipo de estadísticas con horror. Pero yo no veo problemas en imaginar que una persona pueda ser 100 veces más productiva que otra. En la Roma antigua, el precio de los esclavos variaba en un factor de 50, dependiendo de sus habilidades.[4] Y eso sin considerar la motivación o el incremento extra en la productividad que podemos obtener con la tecnología moderna.

Las columnas acerca de los salarios de deportistas o presidentes me recuerdan a los primeros escritores cristianos, discutiendo a partir de premisas si la Tierra era redonda, cuando sencillamente podían salir a la calle y comprobarlo.[5] Cuánto vale el trabajo de alguien no es una cuestión política. Es algo que el mercado ya determina.

“¿Realmente valen tanto como 100 de nosotros?”, preguntan los columnistas. Depende de lo que queramos decir por “valen”. Si decimos “valen” en el sentido de lo que la gente llegaría a pagar por sus habilidades, la respuesta aparentemente es sí.

Los ingresos de algunos consejeros delegados de empresas reflejan algún tipo de error. ¿Pero acaso no hay otros cuyos ingresos reflejan la riqueza que generan? Steve Jobs salvó una compañía en estado terminal. Y no solamente en la forma en que lo hace un especialista en este tipo de rescates, reduciendo costes: tuvo que decidir cuáles debían ser los próximos productos de Apple. Poca gente podría haberlo hecho. E independientemente del caso de los consejeros delegados, es difícil ver cómo puede alguien argumentar que los salarios de los jugadores profesionales de baloncesto no reflejan la oferta y la demanda.

Puede parecer raro en principio que un individuo pueda realmente generar mucha más riqueza que otro. La clave de este misterio es revisar la cuestión, ¿realmente valen tanto como 100 de nosotros? ¿Cambiaría un equipo de baloncesto a uno de sus jugadores por 100 personas al azar? ¿A qué se parecería el próximo producto de Apple si reemplazamos a Steve Jobs por un comité de 100 personas elegidas al azar?[6] Estas cosas no escalan linealmente. Quizá el consejero delegado o el deportista profesional tengan sólo diez veces (signifique esto lo que signifique) la habilidad y determinación de una sola persona. Pero la diferencia se encuentra en que estén concentradas en una sola persona.

Cuando decimos que un trabajo está demasiado bien pagado y otro demasiado mal pagado, ¿qué estamos realmente diciendo? En un mercado libre, los precios se determinan por lo que desean los compradores. A la gente le gusta más el baloncesto que la poesía, así que los jugadores de baloncesto ganan más dinero que los poetas. Decir que un cierto tipo de trabajo está mal pagado es por tanto lo mismo que decir que la gente quiere las cosas equivocadas.

Bueno, es verdad que la gente quiere cosas equivocadas. Parece extraño que nos sorprenda. Y parece aún más extraño decir que es injusto que ciertos tipos de trabajos estén mal pagados.[7] Lo que se está diciendo es que es injusto que la gente quiera cosas equivocadas. Es lamentable que la gente prefiera los reality shows y los perritos calientes a Shakespeare y la verdura al vapor pero, ¿injusto? Es como decir que el azul es pesado o que arriba es circular.

Aquí la apariencia de la palabra “injusto” lleva la inconfundible firma espectral del “modelo papá”. ¿Si no por qué aparecería esta idea en este contexto tan extraño? Mientras que quien hable siga operando dentro del “modelo papá” y viendo la riqueza como algo que surge de una fuente común y tiene que compartirse, en lugar de algo que se genera haciendo lo que quiere otra gente, eso será exactamente lo que tendremos advirtiendo que unas personas ganan mucho más que otras.

Cuando hablemos de “distribución desigual de los ingresos”, deberíamos a la vez preguntarnos de dónde vienen esos ingresos.[8] ¿Quién crea la riqueza que representan? Como resulta que el ingreso varía simplemente de acuerdo con cuánta riqueza crea la gente, la distribución puede ser desigual, pero difícilmente será injusta.

Robándola

La segunda razón por la que tendemos a encontrar alarmantes las grandes disparidades en riqueza es que durante la mayor parte de la historia de la humanidad la forma usual de acumular fortuna fue robarla: en las sociedades pastoriles como cuatreros, en las agrícolas apropiándose de las tierras de otros en tiempos de guerra e imponiéndoles impuestos en tiempos de paz.

En los conflictos, quienes estén en el bando ganador recibirán las propiedades confiscadas a los perdedores. En Inglaterra, en los 1060, cuando Guillermo el Conquistador distribuyó las propiedades de los nobles anglosajones derrotados entre sus seguidores, el conflicto era militar. En los 1530, cuando Enrique VIII distribuyó las propiedades de los monasterios entre sus seguidores, era principalmente político.[9] Pero el principio era el mismo. De hecho, el mismo principio está operando ahora mismo en Zimbabwe.

En sociedades más organizadas, como China, el soberano y sus funcionarios empleaban los impuestos en lugar de la confiscación. Pero también aquí vemos el mismo principio: la manera de hacerse rico no es crear riqueza, sino servir a un soberano suficientemente poderoso como para apoderarse de ella.

Eso empezó a cambiar en Europa con el surgimiento de la clase media. Ahora pensamos en la clase media como aquellos que no son ni ricos ni pobres, pero originalmente fueron un grupo distinto. En una sociedad feudal sólo había dos clases: una aristocracia guerrera y los siervos que trabajaban en sus dominios. La clase media era un tercer grupo nuevo que vivía en las ciudades y sobrevivían por sí mismos por la manufactura y el comercio.

En los siglos X y XI la nobleza menos importante y los antiguos siervos empezaron a actuar conjuntamente en ciudades que gradualmente fueron haciéndose suficientemente poderosas como para ignorar a los señores feudales locales.[10] Igual que los siervos, la clase media se ganaba la vida en buena medida creando riqueza. (En ciudades portuarias como Génova y Pisa, también se dedicaron a la piratería.) Pero al contrario que los siervos tenían un incentivo para crear mucha. Toda la riqueza que creaba un siervo pertenecía a su amo. No tenía mucho sentido crear más de lo que se podía ocultar. Por el contrario, la independencia de los villanos les permitía quedarse con toda la riqueza que creaban.

Una vez que fue posible hacerse rico creando riqueza, la sociedad en general empezó a hacerse más rica muy rápidamente. Casi todo lo que tenemos lo creó la clase media. De hecho, las otras dos clases prácticamente han desaparecido en las sociedades industriales y sus nombres se han puesto a los dos extremos de la clase media. (En el sentido original del término, Bill Gates pertenece a la clase media.)

Pero no fue hasta la revolución industrial cuando la creación de riqueza pudo reemplazar definitivamente a la corrupción como la mejor manera de hacerse rico. Al menos en Inglaterra, la corrupción sólo empezó a estar mal vista (y de hecho empezó a llamársele “corrupción”) cuando comenzó a haber otras formas más rápidas de hacerse rico.

La Inglaterra del siglo XVII se parecía mucho al Tercer Mundo de hoy, en el sentido que un puesto en el gobierno era un camino reconocido hacia la riqueza. Las grandes fortunas de ese tiempo aún derivaban más de lo que podríamos calificar como corrupción que del comercio.[11] Para el siglo XIX las cosas habían cambiado. Seguía habiendo sobornos, como sigue habiendo hoy día en todas partes, pero para entonces la política se había dejado en manos de hombres a los que les movía más la vanidad que la codicia. La tecnología había hecho posible crear riqueza más rápidamente de lo que podía robarse. El prototipo de rico en el siglo XIX no era un cortesano, sino un industrial.

Con el ascenso de la clase media, la riqueza dejó de ser un juego de suma cero. Jobs y Wozniak no nos han hecho pobres para hacerse ricos. Más bien al contrario: han creado cosas que hacen nuestras vidas materialmente más ricas. Tenían que hacerlo o no les habríamos pagado por ello.

Peor como en la mayor parte de la historia mundial la vía principal hacia la riqueza ha sido robarla, tendemos a sospechar de la gente rica. Los universitarios idealistas ven confirmado su modelo infantil de riqueza inconscientemente preservado por ilustres escritores del pasado. Es un caso de error que se mezcla con obsolescencia.

“Detrás de cada gran fortuna, hay un crimen”, escribió Balzac. Aunque en realidad no lo hizo. Lo que realmente dijo es que una gran fortuna sin causa aparente se debe probablemente a un crimen tan bien ejecutado que ha sido olvidado. Si estamos hablando sobre la Europa del año 1000 o la mayoría del Tercer Mundo hoy, la frase mal citada sería exacta. Pero Balzac vivió en la Francia del siglo XIX, donde estaba produciéndose la revolución industrial desde hacía tiempo. Él sabía que podíamos hacer una fortuna sin robarla. Después de todo, lo hizo él siendo un novelista popular.[12]

Sólo unos pocos países (y no es coincidencia que sean los más ricos) han alcanzado esta etapa. En la mayoría, la corrupción sigue estando a la orden del día. En la mayoría, la manera más rápida de obtener riqueza es robarla. Así que cuando vemos que aumentan las diferencias de ingresos en un país rico hay una tendencia a preocuparse porque esté marchando hacia atrás para convertirse en otra Venezuela. Pienso que lo que vemos es lo contrario: un país caminando firmemente para alejarse de Venezuela.

La palanca tecnológica

¿Incrementará la tecnología la diferencia entre ricos y pobres? Sin duda incrementará la diferencia entre productivos e improductivos. En realidad, para eso es la tecnología. Con un tractor un granjero con energías puedes arar seis veces más terreno diariamente de lo que podía hacerlo con caballos. Pero sólo si llega a dominar un nuevo tipo de agricultura.

He observado crecer ostensiblemente la palanca tecnológica a lo largo de mi vida. En el instituto ganaba dinero cortando el césped y vendiendo helado en Baskin-Robbins. Era el único trabajo disponible por aquel entonces. Hoy día los estudiantes de bachillerato podrían escribir software o diseñar sitios web. Pero sólo están dispuestos a hacerlo unos pocos: el resto seguirá vendiendo helados.

Recuerdo muy claramente cuando en 1985 la mejora tecnológica hizo posible que me comprara un ordenador. En unos meses lo estaba empleando para ganar dinero como programador freelance. Pocos años antes no hubiera podido hacerlo. Pocos años antes no había programadores freelance. Pero Apple creó riqueza en forma de ordenadores poderosos y baratos y los programadores inmediatamente se pusieron manos a la obra empleándolos para crear más riqueza.

Como sugiere este ejemplo, el ritmo al que la tecnología incrementa nuestra capacidad productiva es probablemente polinómico, más que lineal. Así que deberíamos esperar ver variaciones en incremento constante en la productividad individual con el paso del tiempo. ¿Incrementará esto la diferencia entre ricos y pobres? Depende de a qué diferencia nos refiramos.

La tecnología podría incrementar las diferencias en ingresos, pero parece disminuir otras diferencias. Hace cien años los ricos llevaban un tipo de vida diferente del de la gente normal. Vivían en casas llenas de sirvientes, vestían incómodas y elaboradas prendas y viajaban en carruajes tirados por caballos que necesitaban sus propios establos y sirvientes. Hoy día, gracias a la tecnología, la vida de los ricos se parece más a la de la gente normal.

Los coches son un buen ejemplo de por qué. Es posible comprar coches caros fabricados a mano, que cuestan cientos de miles de dólares. Pero no tiene mucho sentido hacerlo. Las empresas ganan más dinero fabricando un gran número de coches normales que un pequeño número de coches caros. Así que una empresa que fabrica un coche producido en masa puede permitirse gastar mucho más en diseño. Si compramos un coche hecho a medida, siempre habrá algo que no funcione. Comprar uno hoy día sólo tiene sentido para demostrar que podemos hacerlo.

O consideremos los relojes. Hace cincuenta años, gastar un montón de dinero en un reloj suponía obtener un mejor rendimiento. Cuando los relojes se movían mecánicamente, los relojes caros marcaban más precisamente la hora. Ya no. Desde el descubrimiento de la vibración del cuarzo, un Timex normal es más preciso que un Patek Philippe que cuesta cientos de miles de dólares.[13] De hecho, al igual que los coches caros, si decidimos gastar un montón de dinero en un reloj, tenemos que soportar algunos inconvenientes por ello: además de tener menor precisión horaria, los relojes mecánicos se averían.

Lo único que la tecnología no puede abaratar es la marca. Por eso precisamente cada vez oímos más acerca de ella. La marca es el residuo que queda cuando se evaporan las diferencias sustantivas entre ricos y pobres. Pero la etiqueta que muestra nuestro producto es algo mucho menos importante que tenerlo o no tenerlo. En 1900 si alguien tenía un carruaje nadie le preguntaba de qué año era el modelo. Si tenía uno, es que era rico. Si no era rico, tomaba el ómnibus o caminaba. Hoy día incluso los estadounidenses más pobres conducen coches y sólo porque estamos muy bien entrenados por la publicidad podemos llegar a reconocer los que son especialmente caros.[14]

Lo mismo ha pasado en todas las industrias. Si hay suficiente demanda de algo, la tecnología lo hará suficientemente barato como para venderlo en grandes cantidades y las versiones producidas en masa serán, si no mejores, al menos más prácticas.[15] Y no hay nada que les guste más a los ricos que lo práctico. Los ricos que yo conozco conducen los mismos coches, visten las mismas ropas, tienen el mismo tipo de muebles y comen lo mismo que el resto de mis amigos. Sus casas están en barrios diferentes, o si están en el mismo barrio son de diferente tamaño, pero dentro de ellas la vida es similar. Las casas se edifican empleando las mismas técnicas de construcción y contienen casi los mismos objetos. No es práctico hacer algo caro y a la medida.

Asimismo, los ricos gastan su tiempo como el resto de la gente. Parece que hace tiempo que desaparecieron los Bertie Wooster. Hoy día, la mayoría de la gente suficientemente rica como para no trabajar, lo sigue haciendo de todas formas. No es sólo la presión social: la inactividad es solitaria y desmoralizante.

Tampoco tenemos las distinciones sociales que había hace cien años. Las novelas y manuales de etiqueta de ese periodo hoy parecen descripciones de una extraña sociedad tribal. “Con respecto a la continuidad de las amistades (…)”, advierte el Libro de gestión familiar de la Señora Beeton (1880), “puede resultar necesario, en algunos casos, a un ama de casa renunciar, al asumir la responsabilidad del hogar, a muchas de las iniciadas en una etapa anterior de su vida”. Se esperaba que una mujer que se casara con un hombre rico olvidara a las amigas que no lo hacían. Pareceríamos bárbaros si nos comportáramos así hoy día. Asimismo tendríamos una vida muy aburrida. La gente sigue tendiendo de alguna forma a la segregación, pero mucho más basándose en la educación que en la riqueza.[16]

Material y socialmente, la tecnología parece estar disminuyendo la diferencia entre ricos y pobres, no aumentándola. Si Lenin se paseara por las oficinas de una empresa como Yahoo o Intel o Cisco, pensaría que el comunismo había triunfado. Todos vestirían la misma ropa, tendrían el mismo tipo de oficina (o de cubículo) con los mismos muebles y se tutearían usando sus nombres, en lugar de sus títulos. Todo sería tal como había predicho, hasta que mirara sus cuentas bancarias. Vaya.

¿Es un problema que la tecnología agrande la diferencia? No parece serlo tanto. Aunque agrande la diferencia en ingresos, parece disminuir todas las demás diferencias.

Una alternativa a un axioma

A menudo oímos que se critica una política basándose en que incrementaría la diferencia de ingresos entre ricos y pobres. Como si fuera un axioma que esto debería ser malo. Puede ser cierto que un incremento en la variación de ingresos sea malo, pero no veo cómo podemos decir que sea axiomático.

De hecho, puede incluso ser falso en democracias industriales. En una sociedad de siervos y caudillos indudablemente una variación en los ingresos es una señal de un problema subyacente. Pero la servidumbre no es la única causa de variación en los ingresos. Un piloto de un 747 no gana 40 veces lo que una persona encargada de facturación porque sea un caudillo que la esté esclavizando de alguna forma. Sencillamente, sus habilidades son mucho más valiosas.

Me gustaría proponer una idea alternativa: en una sociedad moderna, la variación en ingresos sería un signo de salud. La tecnología parece incrementar la variación en productividad a ritmos superiores a los lineales. Si no vemos una variación equivalente en los ingresos, hay tres posibles explicaciones: (a) la innovación técnica se ha detenido, (b) la gente que debería crear la mayor riqueza no lo hace o (c) no se les está remunerando por ello.

Creo que podemos afirmar con rotundidad que (a) y (b) serían malas. Si usted discrepa, intente vivir un año empleando sólo los recursos disponibles para un noble franco medio del año 800 y nos informa. (Seré generoso no enviándole a la edad de piedra.)

La única opción, si vamos a tener una sociedad cada vez más próspera sin incrementar las variaciones en ingresos parece ser (c), la gente crearía un montón de riqueza sin que se les remunerara. Por ejemplo, Jobs y Wozniak trabajarían encantados 20 horas al día para producir el ordenador Apple para una sociedad que les permitiría, después de pagar impuestos, obtener sólo la parte de sus ingresos equivalente a lo que habrían conseguido trabajando de 9 a 5 en una gran empresa.

¿Crearía riqueza la gente si no se les puede remunerar? Sólo si fuera divertido. La gente escribiría sistemas operativos gratis. Pero no los instalaría o aceptaría llamadas de consulta o enseñaría a los clientes a utilizarlos. Y al menos el 90% del trabajo que hacen incluso las compañías más técnicas es de este segundo tipo tan poco atractivo.

Todos los tipos de creación de riqueza que no sean divertidos disminuyen radicalmente en una sociedad que confisca las fortunas privadas. Podemos confirmarlo empíricamente. Supongamos que oímos un ruido extraño que podría deberse a un ventilador cercano. Apagamos el ventilador y el ruido desaparece. Lo encendemos y vuelve a empezar. Apagado, silencio. Encendido, ruido. A falta de otra información, parece que el ruido lo causa el ventilador.

En distintos lugares y momentos de la historia, el botón de acumular una fortuna creando riqueza se ha encendido y apagado. Norte de Italia en el 800, apagado (los señores de la guerra podía robarlo). Norte de Italia en 1100, encendido. Francia Central en 1100, apagado (aún feudal). Inglaterra en 1800, encendido. Inglaterra en 1974, apagado (impuesto del 98% sobre ingresos por inversiones). Estados Unidos en 1974, encendido. Incluso tenemos un estudio gemelo: Alemania Occidental, encendido; Alemania Oriental, apagado. En cada caso, la creación de riqueza parece aparecer o desaparecer igual que el ruido de un ventilador a medida que encendemos o apagamos la posibilidad de quedarnos con ella.

Hay algo de inercia en ello. Probablemente tome al menos una generación transformar a la gente en alemanes orientales (por suerte para Inglaterra). Pero si sólo fuera un ventilador lo que estuviéramos estudiando, sin todo en bagaje extra que conlleva el polémico asunto de la riqueza, nadie tendría ninguna duda de que era el ventilador lo que estaba causando el ruido.

Si suprimimos la variaciones en ingresos, ya sea robando las fortunas privadas, como solían hacer los señores feudales, o por vía impositiva, como han hecho algunos gobiernos modernos, los resultados siempre parecen ser los mismos. La sociedad en su conjunto se empobrece.

Si yo tuviera la oportunidad de vivir en una sociedad donde me encontrara materialmente mucho mejor que ahora, pero estuviera entre los más pobres o en una en la que estuviera entre los más ricos, pero mucho peor que ahora, elegiría la primera opción. Si tuviera hijos, podría decirse que sería inmoral no hacerlo. Se quiere evitar la pobreza absoluta, no la relativa. Si, como indica el ejemplo, tenemos que elegir entre una u otra en nuestra sociedad, elijamos la pobreza relativa.

Necesitamos gente rica en nuestra sociedad, no tanto porque al gastar su dinero creen puestos de trabajo, sino por lo que tienen que hacer para hacerse ricos. No me refiero al efecto goteo. No digo que si dejamos que Henry Ford se haga rico nos vaya a contratar como camarero en su próxima fiesta. Lo que digo es que nos fabricará un tractor para reemplazar a nuestro caballo.

Source: liberalismo.org

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Ecuatoriano, 23 años, Ingeniero en Gestión Empresarial Internacional, liberal.

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